viernes, 25 de febrero de 2011

ÚLTIMO DÍA

 Hay muchos primeros días, en donde comienzan las cosas, lo que uno hace, piensa y actúa. Pero al igual que estos primeros días, también están los últimos, en donde todo termina, y después piensa en cómo eran esos días de pensamiento ¿Qué hacía uno ahí? ¿Que sea el último día es solo por voluntad nuestra o por otros factores? ¿Se puede repetir el último día?


El Último Día

Cuando ella despertó con la luz del sol sobre su rostro, abrió sus ojos y miró fijamente al techo. Pensó durante mucho tiempo en los desteñidos colores de éste, y en cómo una mancha azul la seguía a donde ella mirara, producto del encandilamiento. Sabía que debía aprovechar al máximo el día, pues ya no habrían más días como ese.

Se levantó e hizo algunos ejercicios para relajar un poco los músculos y así sentirse más liviana para cuando tuviera que moverse fuera de su casa.

Abrió el closet y miró su ropa. Realmente no importaba la combinación de sus prendas, pues justo ese día todo se veía bien para ella.

Rato después disfrutó de la mejor ducha que se haya dado nunca, a pesar de que se bañaba con agua fría.

Después de disfrutar mucho su pequeño desayuno, salió a la calle y se dirigió a donde la llevo el primer bus que pasó por el paradero de buses, lugar que ella no sabía donde quedaba ni cómo era. Mientras iba en el bus, miraba las calles que pasaban frente al vidrio, donde de vez en cuando encontraba una violeta que crecía dentro de una grieta en el pavimento, ó una cola de zorro a un lado del camino, donde solo había pradera y a lo más se podía contar un par de rocas, no muy grandes.

Cuando bajó del bus, las violetas y las colas de zorro habían aumentado en gran cantidad, pero sus plantaciones se encontraban separadas, una a cada lado del camino. Ella sacó de raíz varias violetas y varias colas de zorro, y luego las replantó todas juntas a un lado del camino, lo más cercano a la carretera posible.

Tiempo después siguió caminando y llegó a una plaza donde habían varios ancianos sentados en los bancos, con la mirada perdida en el pasado, y otras personas más jóvenes que trotaban de un lado a otro, sin quitar la vista del camino, su objetivo. Ella durmió un momento en un banco, causando que los ancianos dejaran de lado sus recuerdos de la adolescencia y miraran alrededor para ver si alguien comprendía lo que ahí estaba sucediendo. Luego, ella despertó, pero decidió dormir un poco más, pero ésta vez en el camino por donde pasaban los deportistas. La reacción de los trotadores fue similar a la de los ancianos, pues perdieron el hilo de lo que estaban haciendo y reían junto con los mayores de edad.

Cuando se levantó, se dirigió al centro de la ciudad, a darle la mano a cada persona que pasaba por su lado, quienes con mucha vergüenza aceptaban el saludo y rápidamente se alejaban de ella, pensando ahora en ese extraño gesto y no en cómo podían mejorar su prestigiosa situación económica.
Compró luego varios panes en el supermercado que estaba en esa misma calle, para únicamente dárselo a la infinidad de pájaros que pasaban por la zona. Por primera vez en su vida, la gente que caminaba por ahí, pudo darse cuenta de la cantidad de colores que poseían esas aves, y como cada una era diferente de la otra.

Después de comer algo en un bar que había por allí, y haber bailado todas las canciones de rock que tanto lo caracterizaban, decidió finalmente volver a su casa para dormir lo que le quedaba del día.

Subió al bus que la llevaría de vuelta, el cual lo tomó en el mismo lugar donde había dejado las violetas y las colas de zorro juntas. Cuando se sentó en uno de los asientos, uno de esos que van mirando hacia la parte trasera del bus, se dio cuenta que todas las personas que viajaban ahí, se encontraban tristes o enojadas, probablemente por el cansancio de seguir la misma rutina cada día. Fue ahí mismo cuando ella decidió mirar a cada persona a los ojos, para que levantaran la mirada y sonrieran con ella, lo que logró poco antes de tener que bajarse del bus.

Llegó a su casa unos pocos minutos después, y se despidió del día para irse a dormir. Tenía mucho miedo cuando se acostó y luego de mirar el techo, como lo había hecho en la mañana de ese mismo día, lloró un poco. Minutos más tarde se cerraron sus ojos y la falta de energía en su cuerpo la venció.

Al día siguiente se podía sentir la tensión en el aire. Ella no había despertado y el sol ya había aparecido. Finalmente, un rayo de luz iluminó su rostro. Ella abrió sus ojos y miró fijamente al techo. Pensó durante mucho tiempo en los desteñidos colores de este, y en cómo una mancha azul la seguía a donde ella mirara, producto del encandilamiento. Sabía bien que debía aprovechar al máximo ese día, ya que tal como el anterior, ese día era único.      

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